Condensado de el articulo de Elizabeth Burgos publicado en  http://nuevomundo.revues.org/

Bolivia o la pasión nacional               

Resumen
Desde su fundación como Estado, Bolivia se ha visto confrontada a la necesidad de dar pruebas de su legitimidad como nación. El sentimiento de pertenencia nacional en Bolivia conlleva una carga emocional hecha de frustración y de duelo por la pérdida de ingentes trozos del territorio nacional. País eminentemente minero, vive esa condición como una fatalidad que la somete al saqueo de sus riquezas naturales por parte de potencias extranjeras. El poder de influencia que lograron en su momento los sindicatos, los llevaron a ocupar y a ejercer tareas inherentes a las del Estado. Hoy ese poder parece haberse agotado y ha tomado su lugar un amplio movimiento popular, que ha desplazado los partidos políticos tradicionales y aboga por la salvaguarda de las riquezas naturales, acentuado por reivindicaciones de tipo étnico.

Fracasos militares y pérdida territorial: zócalo del sentimiento nacional
Cualquiera sea la perspectiva , histórica o política, y de clase social, desde la cual se intente explicar los avatares de la nación boliviana, son sus derrotas y despojos territoriales los “lugares de memoria” que conforman el zócalo histórico que le da cohesión a la comunidad nacional.

La dificultad  que habría de enfrentar Bolivia en el discurrir de su vida republicana y su viabilidad y legitimidad como país, lo intuyó el Gran Mariscal del Perú, Andrés de Santa Cruz, mestizo nacido en La Paz, al decidir la creación de la Confederación Perú-Boliviana.10 Chile, “en donde una oligarquía con ideas claras acerca de los intereses justos e injustos de su patria”, 11 comprendió perfectamente el peligro que significaba la Confederación que le haría perder su domino sobre el Pacífico. Así lo entendió Diego Portales, y lo expresó con claridad meridiana en carta dirigida al general Blanco Encalada: “Unidos estos dos estados serán siempre más que Chile. “La Confederación debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América”. Con la complicidad del general peruano Agustín Gamarra, enemigo de Santa Cruz, Chile le declaró la guerra precipitando  su caída, y la pérdida de la Confederación (1839). Gamarra terminó muriendo en Bolivia, en la batalla de Ingavi (1841) que determinó la separación definitiva del Perú y Bolivia.

Según Zavaleta, para que hubiese sido viable el proyecto de Santa Cruz, “hubiera necesitado de una oligarquía que no podía ser la que salió del parasitismo que se asentaba en la mita,”. Todos los pensadores bolivianos de la nación no dejan de hacer hinca pie en la incapacidad de las elites  bolivianas de pensar y actuar en sentido nacional.

Pero el conflicto con Chile tuvo una continuidad cuando el guano y el salitre convirtieron a una región desértica e inhóspita como Atacama, en objeto de lujuria. El imperio británico no estuvo ajeno a los hechos :  las empresas que explotaban el guano y el salitre eran manejadas por intereses británicos. Chile, Bolivia y Perú van a la guerra. La batalla del Alto de la Alianza (1880) sella la suerte de Bolivia y la condena a replegarse  detrás de sus montañas. Un país exportador de materias primas pierda su litoral: Bolivia signa así su dependencia con Chile en lo relativo a su comercio exterior.

También el Brasil se suma al baile de los despojos.
El Acre, región fronteriza con ese país, posee una importancia económica debido a la goma que producía: el Brasil  aduce también reclamaciones limítrofes . También Bolivia pierde esta guerra (1899-1903) que la amputa de toda una provincia de El Acre. Para descargo del Brasil, es necesario señalar que el precedente fue sentado en 1867 cuando el autócrata Melgarejo – el más pintoresco del género hasta la irrupción de Hugo Chávez en el escenario venezolano – le cedió de un plumazo 100.000 kilómetros cuadrados de territorio al Brasil. 

No podía dejar de sumarse el otro país fronterizo a la ronda de reclamaciones: el conflicto con el Paraguay desata la guerra del Chaco ; guerra que también pierde Bolivia (1935).

Muchas y variadas son las interpretaciones de los móviles de esa guerra y la mayoría se le adjudican a la codicia petrolera de las compañías internacionales. Pero según el historiador boliviano Carlos D. Mesa Gisbert, actual presidente de Bolivia, en el Chaco boreal no había petróleo, y que “todo se hacía sobre presunciones y teóricas reservas que nunca se descubrieron”. Y agrega: “El petróleo fue sujeto de la guerra no como causa sino como consecuencia del avance paraguayo sobre los  pozos bolivianos.” “No se justificaba armar un conflicto en aras de intereses más teóricos que reales.” 13 El historiador René Arce Aguirre 14 le adjudica el estallido de la guerra a la depresión económica que acarreó despidos masivos de trabajadores mineros, y a la presión de los grupos insurgentes marxistas, que acosaron de forma intensa y continua al gobierno de Salamanca, el cual, para salir del paso, puso en marcha la defensa del Chaco Boreal. Este mismo autor opina que tal vez Salamanca, acarició la idea de hacer viable una salida de Bolivia a las aguas del Atlántico, pero no contó con el arrojo de los paraguayos: si Bolivia perdió 60.000 hombres, el Paraguay quedó exhausto, pero ganó la guerra.

Se debe señalar que la única campaña militar victoriosa lograda por el Ejército boliviano, fue la llevada a cabo contra la guerrilla dirigida por Ernesto “Che” Guevara en 1967. Un triunfo del que no puede vanagloriarse Bolivia porque los mitos son rebeldes y la ideología testaruda, pues para Bolivia, antes que  victoria, significó un motivo de culpabilidad: un motivo más de frustración que se suma a las tantas ya acumuladas por ese país.